Juan Martín Mora

Es un lujo recibir a este escritor ciudadrealeño de pura cepa. Su formación ecléctica nos coloca frente a un personaje multifacético dotado  de una gran sensibilidad y sentido del humor no exentos de responsabilidad  e investigación  que trasuntan sus obras y artículos como muestra del respeto que siente por su público, sus queridos lectores. No voy a decir mucho ya que pretendo que él sea quien nos exponga qué cosas son las que hicieron de él lo que es: un gran hombre y un excelente escritor con el que podemos disfrutar historias sin desperdicio. Perito Mercantil, hizo todos los estudios que le fueron necesarios para mejorarse a sí mismo en la materia. Amante de la aviación  incursionó en ella y se recibió de piloto civil. Aumentó su patrimonio estudiando psicología, ciencias de la comunicación y publicidad. Viajero por excelencia, no le faltó habilidad para llegar a ser un excelente fotógrafo ganando el segundo y tercer premio de fotografía Cardencha en 1975, finalista IV, V y VI Trofeo de Fotografía Iferga-Agfa 1990, 1991 y 1992. Primer premio II Concurso de Fotografía Universidad José Saramago .mayo de 2012 y del realizado  en mayo de este año.
Entre sus trabajos literarios sin contar los artículos que ha publicado en los principales periódicos de España, podemos contar con las siguientes obras:
Narrativa
“La vendimia y el polvo del camino” 
“La hoja seca” (1967)
Novelas
“En busca de la Libertad” (1981)
“Ama de cría” (2001)
“Sofía” (2003)
“Ven a verme, al menos una vez al año” (2004)
“El amor que se hace viejo pero no muere” –finalista en la convocatoria BAM 2006
“¿Da usted su permiso? (2007)
”Ahora no puede ser, que todo fue nada” (2009)
“LOS DIAS Y LAS NOCHES EN LA CASA GRANDE” (2013) su éxito actual.
En este momento está trabajando en dos proyectos: Uno iniciado en 2008 “Hermanas” y otro  iniciado hace un par de meses: “Mañana será ayer. Los reproches del pasado”. 

 

 

Portada de la última novela de Juan Martín Mora

Entrevista realizada por Ana Noreiko

Ahora le toca el turno a usted. ¿Cómo fueron sus primeros pasos en la literatura?
      Estos pasos ¿coincidieron con el descubrimiento de su ser escritor?
El primer encuentro con las letras fue la poesía, influenciado por los románticos y coincidiendo con esos años en los que empezaban a despertarse en mí esas sensaciones nuevas, atraído por la chica que me había dedicado una leve mirada un día cualquiera. Al mismo tiempo surgía ese diario en el que guardaba mis íntimas confesiones en sus páginas. Junto a ello, las cartas que recibían mis padres, nos ponían al corriente de muchos asuntos de familiares distantes, inclinándome a tener mi propia correspondencia. En ese tiempo, era fundamental saber escribir y redactar para hacernos entender en mejor constancia que la palabra que se lleva el viento. Así empezaron a decir, que lo que escribía les hacía vivir la escena, y yo empecé a considerarlo.  
 ¿Cuáles fueron sus primeras obras? ¿Qué sentimientos despertaron en usted?
Los cuadernos de poesías se fueron sucediendo, junto a intentos por relatar con acierto escenas y fantasías vividas, para luego ser recordadas, pasado el tiempo, siendo fundamental la dedicación de algunos minutos al diario, en las últimas horas de la jornada, previos al descanso. Todo, en su conjunto, me iba descubriendo nuevos sentimientos, abriéndome a la vida con ellos. Era como un juego a no ser ciego de corazón, empezando a entender que los libros eran sagrados, por contener asuntos esenciales, acudiendo a ellos como se acaricia un vientre con las páginas escritas.
¿Cómo es usted como lector? ¿Cuáles eran sus lecturas favoritas?
No hago nada sin alegría y considero a la lectura como la dicha. Yo soy yo, con otro delante, y así me encaro a un libro.  Son como un mundo que me va descubriendo el mío. Las nervaduras de una hoja no son una función, son mucho más: en lo hondo no hay raíces, es lo arrancado. Mi problema es, que me quedan demasiados libros por leer. Por eso, mis lecturas favoritas podrían ser todas las que ofrecen cosas que informan. Leo con atención, hasta los folletos publicitarios. Ahora bien, mi primer gran libro fue Don Quijote de La Mancha, y mi primera gran atención en poesía la puse sobre El Miajón de los Castúos, del Luís Chamizo, una vez superada la etapa romántica. Pero desde luego no son los únicos, siendo tantos que sería demasiado prolijo enunciar ahora.
Para saber hay que viajar o leer. Por eso leo lo más deprisa que puedo, viajo menos de lo quiero y escribo cuanto necesito, para poder contar lo que debo.   
 ¿Qué autores han tenido más influencias sobre usted ¿Por qué?
Considerando mis textos, debo decir que, Miguel Delibes ha dejado en mi esa manera de adentrarse en los personajes sencillos, haciéndolos importantes en sus obras, engrandeciéndole a él mismo. Igualmente me parece muy estimable Miguel de Cervantes por su riqueza narrativa indiscutible. En general, mi inclinación es por lo cercano, que estando ahí, hay que hacer el esfuerzo por rescatarlo. De todas maneras no podría concretarme a una media docena de escritores, puesto que son muchos los que me han aportado algo, llegando a forjar mi propio estilo, creo. Desde hace algún tiempo, vengo fijando más mi atención en mujeres escritoras. No sé, pero intento con ello encontrar una sensibilidad, posiblemente no muy conocida por mí. Por eso en mi libro ‘Los días y las noches en La Casa Grande’, son ellas las que ponen orden en todo lo importante, e incluso, lo cotidiano.
 Si no se dedicara a escribir ¿a qué se dedicaría?
Me gustaría ser un gran viajero para conocer en vivo los lugares y sus peculiaridades… De todas maneras, también terminaría escribiendo esas experiencias. Me gusta narrar lo vivido y en cuanto tengo algo de audiencia interesada, lo hago.
 ¿Ejerce alguna otra profesión paralela?
Estoy dedicado plenamente a la escritura, publicando de manera no periódica, algunos artículos en prensa. Pero es la obra literaria la que ocupa mi mayor intención creativa.
 ¿Cómo es su lugar para escribir?
Mi trabajo diario transcurre fundamentalmente en mi biblioteca, acompañado, a veces, de música y de alguna persona de la familia. No me sustrae nada de lo que estoy haciendo. Cuando tengo conmigo la imaginación rindiendo, nada me distrae, ni me molesta. En ocasiones, cualquier palabra que surja de la conversación entre quienes están cerca, me sirve para redondear un párrafo o arrancar a la imaginación una idea para seguir elaborando lo que estaba remiso a salir. Pero también es cierto, que mi trabajo puede surgir en cualquier momento y lugar, por eso siempre llevo cuaderno y bolígrafo, incluso una pequeña grabadora.
     ¿Qué necesita para desarrollar su obra?
En principio una idea clara, en su conjunto. A partir de ahí, trabajar, trabajar, trabajar. El desarrollo surge con la dedicación, la disciplina de un tiempo mínimo ante el blanco de una página pidiendo historias reflejadas en ella, muchos apuntes fruto del trabajo de campo y una imaginación dispuesta a dar todo, hasta que la fatiga aconseja el reposo. 
 ¿A qué tipo de lectores se dedica?
Personas con sensibilidad, gente sencilla, y también cultivada. Me gusta que me lean quienes nunca han leído un libro o lo han hecho poco, porque se sorprenden como los niños cuando descubren algo nuevo en sus vidas.
 ¿Cuál es el género que más le atrae cultivar?
En la actualidad, sin lugar a dudas, es la narrativa. Poder moldear los personajes, contar como son, describir su entorno, descubrir lo que sienten,…
     ¿Por qué?
Estoy descubriendo que es una buena manera de llegar y desvelar lo que la gente sabe, pero no aciertan a describir. Creo que se identifican, si no en todo, en parte con los personajes, como si fuesen ellos mismo o alguien que han conocido.
     ¿Y el que menos cultiva? 
He dejado un poco de lado la poesía; sólo un poco. Por otro lado, la ciencia ficción me resulta complicada, porque pienso que los personajes deben ser creíbles y lo que hacen también. No obstante hubo un tiempo en el que fantaseaba con este tema. Si acaso, me limito a los cuentos que pueden encerrar  metáforas, e incluso, terminar en moraleja. 
     ¿Por qué?
La poesía, porque se publica mucha y mala (como en el resto). Pero también es cierto que surgen genialidades, de vez en cuando, ante las que uno inclina la cabeza.
En cuanto al resto, creo que ya he contestado en la pregunta anterior.
 ¿Cuántas obras publicó?
Soy un desastre para llevar la cuenta. Desde muy joven y con motivo de mi profesión, publicaba a diario páginas, que luego guardaba, pero finalmente se perdían en los cambios de domicilio o de puesto de trabajo. Ahora, sólo  puedo hablar de lo último. Es decir, una novela, varios cuentos, bastantes relatos, además de artículos literarios para la prensa escrita (en papel y digital).
 ¿Está satisfecho con los resultados?
Satisfecho si, pero desesperado por ofrecer mucho más de lo que podría haber ofrecido, consciente de que el tiempo se marcha, paso a paso, lentamente y en silencio, sin que me haya dejado poner al descubierto todo lo que puedo narrar, como otros lo han hecho. Con empeño, lo que pueda hacer un hombre, es capaz de hacerlo otro. La diferencia está en la sensibilidad y la destreza de cada uno. En cuanto a las mujeres y dicho con palabras de Saramago, no hay nada que sea capaz de hacer un hombre, que pueda sorprender a una mujer.
 Las editoriales ¿contribuyen al éxito de una obra?
Si tienes la suerte de ser elegido para promocionarte, si. De lo contrario todo el trabajo depende de uno mismo. Como decía mi madre: nadie regala duros a peseta. Es decir, eres su negocio, de lo contrario no hay nada que hacer, y es comprensible, porque se arriesgan haciendo una inversión, que nunca se sabe si va a funcionar… Dinero, dinero, dinero,… 
 ¿Qué opina sobre el libro impreso vs. el libro digital?
Bajo mi punto de vista, los libros hay que palparlos, señalarlos, subrayarlos, marcarlos, hacer anotaciones en los márgenes… Hace no mucho, veía a mucha gente con el libro digital, yo mismo tengo un lector de esos, pero vengo observando, que se van dejando de lado, al igual que yo también lo dejé. No conozco cifras, pero eso es lo que veo en mi entorno, mis viajes y otros lugares donde antes tenían presencia.
 ¿En este momento está trabajando en un nuevo proyecto?
Siempre estoy trabajando en nuevos proyectos, de lo contrario me aburriría. Cuando se publica, hay que volcarse con la promoción, pero sin perder de vista a la creación. Me fluyen las ideas y, a veces, llevo varios manuscritos a la vez, según me vaya inclinando por una historia u otra: hay que llenar el mundo de historias, para que sepan que hemos existido.
       ¿Puede contarnos algo sobre él?
Bueno, hay algo muy avanzado que se desarrolla entre Madrid, una parte de África y algo más… Un joven periodista cuenta sus experiencias desde su periodo de estudiante y durante el ejercicio de la profesión… 
Pero además, está en marcha la historia de una chica, que se cree poderosa, por el hecho de ser mujer. Sin embargo, el pesado le atormenta. No quiere ningún compromiso con hombres, luchando por no enamorarse…
Por otro lado, un joven ensangrentado, corre por las calles, hasta llegar a un hospital, en el que lucha por sobrevivir… En su casa, encuentran el cadáver de una mujer, también joven…
 Tengo la sensación de querer preguntarle muchas cosas más. Sin embargo me gustaría dejarle la palabra para que exprese lo que desee. Eso que nunca surge en un reportaje y sin embargo le hubiese gustado decir.
Mis trabajos, no son, ni más ni menos, que el fruto de la observación, el trabajo de documentación y, por supuesto la imaginación. Procuro recrear lo que conozco, buscando la musicalidad de la palabra. Soy muy exigente conmigo mismo, encontrando siempre que repaso un texto, algo nuevo que aportar para darle más brillantez. Si no fuese porque llega un momento en que me digo, ¡ya!, no terminaría nunca un libro. A pesar de desear que tenga muchas páginas, prefiero cinco trabajos sustanciosos, pero ligeros de leer, que un ‘tocho’ de muchas hojas, en las que hay gran parte de ‘relleno’. Se dice que la buena esencia se vende en pequeños frascos.
En la etapa de la vida en la que me encuentro, no ambiciono dinero ni fama. Solo deseo que se lea eso en lo que he puesto tanto empecho, para ofrecer un trabajo digno. Sería una lástima, que todo quedase en un cajón olvidado, hasta