Entrevista a Salvador Robles Miras realizada por Ana Noreiko

Tengo el agrado de presentarles hoy, la entrevista que le hice a Salvador Robles Miras. Nacido en Águilas, a los diez años se trasladó con su familia a Bilbao donde reside hasta hoy.
 
Su largo camino por las letras lo revela como ensayista y novelista así como creador  de cuentos, relatos y microrrelatos que fueron incluidos en centenares de antologías. Puesta investigar, su producción literaria necesitaría varios volúmenes para que la contuvieran.
 
Ganó numerosos premios tanto en España como en el extranjero. Nombraré sólo unos pocos pues la lista es extensa. Todos primeros premios: Premio de Relato FRANCEC CANDEL de Barcelona, Certámenes Internacionales  VALENTIN PALACIO de Asturias PLUMA DEL GUIRRE,  y el concurso de literatura infantil “EL MANGRULLO” en Argentina. Ganó premios importantes en Perú, Colombia y paro de contar para darles el placer de leer esta entrevista.

¿Qué se siente ser un águila?

 

Nací en Águilas (Murcia), un pueblo asentado a orillas del Mediterráneo, y alguna que otra vez me he imaginado surcando los cielos, como un águila, en busca de la presa… del conocimiento. Desde las alturas, las cosas se ven mejor, mucho mejor, a veces, incluso se distinguen el ayer y el mañana.

 

¿Qué produjo en usted el cambio de residencia a Bilbao?

Cuando llegué a Bilbao, a mis diez años, me encontré con una ciudad muy diferente al Bilbao de hoy en día. Entonces, sumida en la niebla y en la contaminación industrial, me pareció una capital que destilaba tristeza, quizá porque percibía fuera la tristeza que yo llevaba dentro. En Águilas, dejé a mis maravillosos abuelos maternos, unos sabios en el arte de vivir entregándose al otro, y la luz intensa de Mediterráneo. Poco a poco, no me quedó más remedio que adaptarme. Los bilbaínos me acogieron con tanto cariño y hospitalidad que, a los dos años, ya me sentía en mi patria, en una de mis patrias.

 

¿Tuvo influencia en su vocación?

Todo es harina para el molino del escritor. Una experiencia de esta naturaleza, que te desarraigue de tus raíces a los diez años, con mayor motivo. La nostalgia, una nostalgia dulce, impregna muchos de mis textos. La abrumadora tristeza que sentí al llegar a Bilbao la sublimé en el papel, con cartas a mis abuelos y textos que escribía en cuadernos a modo de diarios.

 

Antes de entrar en el tema literario, háblenos de usted, de su infancia, su juventud.

Mi infancia y juventud, aparte de la lectura y la nostalgia a las que he hecho referencia, están marcadas también por el fútbol. Era mi pasión. De niño, en el famoso Placetón aguileño, a doscientos metros de la casa familiar ubicada en la calle Jovellanos, me pasaba horas y horas propinando patadas al balón. Esta pasión futbolera no amainó hasta los veintitantos años. Guardo un maravilloso recuerdo de mi infancia aguileña. Tuve el enorme privilegio de contar con unos abuelos maternos excepcionales. Mi padre, aquejado de tuberculosis y diabetes, fue ingresado en un sanatorio para enfermos terminales sito en Canteras (Cartagena). Mi madre se fue con él, contratada por el sanatorio para desempeñar diversas labores domésticas. Contra todo pronóstico, mi progenitor se recuperó y, milagrosamente, todavía vive, a sus 87 años.

 

¿Qué le atraía leer?

Mi abuela era una narradora oral extraordinaria, y mi abuelo leía a menudo novelas del Oeste y de Hazañas Bélicas. Además, un hermano de mi padre, tenía un puesto de chucherías y tebeos. Así, entre tebeos, novelas y narraciones orales, la lectura era inevitable para mí. Además, cuando llegué a Bilbao, en casa también me encontré con un mundo libresco, ya que mi padre era un furibundo lector y, también, escritor aficionado, de cuentos sobre todo (de hecho, ganó algún concurso internacional. Con el tiempo, su tenacidad recibió el premio de publicar algunos libros de cuentos que tuvieron bastante éxito en Águilas). Empecé leyendo tebeos (El Capitán Trueno, La Rue del Percebe, El Guerrero del Antifaz), luego libros de aventuras juveniles y de misterio (Richmal Crompton, Enid Blyton, Roald Dahl…) y por fin desemboqué en el paraíso de la literatura rusa.

 

¿Y su juventud? La escuela, la Universidad, sus lecturas, ¿cómo lo marcaron?

Leí cuando era adolescente “Crimen y castigo”. Me dejó impactado. La releí poco después, lo cual obviamente me condujo a leer otras obras de Dostoievski, también de Tostoi, y Gogol y también Chejov. ¡Chejov! El mejor cuentista, a mi modo de ver, de la historia de la Literatura. Más tarde, en la universidad, profundicé en estas lecturas, ya que me permitían explorar la naturaleza humana, mi mundo predilecto. Siempre me ha interesado la novela psicológica, mucho más que la de aventuras y la de acción. El paisaje que más me interesa de todos es el interior.

 

¿Cómo fue su evolución como lector hasta ahora?

Leo de diversos temas, de ensayo cada vez más, y tiendo a volver continuamente a los clásicos, rusos sobre todo. He frecuentado con inusitado interés las obras de Primo Levi y de Gabriel García Márquez. De vez cuando, vuelvo a visitar el mundo de Chejov. Releer es recuperar una parte de tu pasado, además de descubrir un mundo nuevo en un libro viejo. Como decía Borges, toda mi vida la pongo en el libro que leo. Así que cada vez que releemos, en realidad estamos leyendo un libro nuevo.

 

Sabemos que hace periodismo y ejerce como pedagogo. Cuéntenos por favor sobre estas actividades y su armonización con su desarrollo literario.

Ejercí de periodista (entrevistador, redactor de reportajes, articulista) hace unos cuantos años, ahora, aunque trabajo en un periódico, lo hago entre bambalinas, en la sección de Documentación. El periodismo te obliga a vivir en el tiempo presente; además, te sitúa en la realidad, lo cual es un complemento perfecto para el escritor de ficción. De la realidad a la ficción, de la ficción a la realidad. Así, escribes para mejorar imaginariamente la realidad, y luego, de alguna forma, tu realidad mejora con tu mundo de ficción.

 

Sé que ha escrito mucho y variado. ¿Cuándo y cómo comenzó la comezón del escritor?

En el colegio, siendo un púber, lo que mejor se me daba era la redacción. Escribía por mi cuenta historias de futbolistas, pistoleros, detectives… Hasta donde me alcanza la memoria, he cultivado la ficción escrita. Incluso en mi adolescencia, frecuenté la Poesía. Por fortuna, luego encaucé mis pasos hacia la prosa. Y digo por fortuna porque, a tenor de mis incursiones poéticas, puedo afirmar que la Poesía no perdió nada con mi “retirada”, si bien algunos críticos aseguran que mi prosa es poética. Me ven con buenos ojos.

 

¿Qué géneros literarios desarrolla?

Excepto la Poesía, todos los demás: ensayo, narrativa (microcuentos y cuentos y relatos) y novela.

 

Sé también que ha recibido varios premios importantes. Háblenos de ellos.

Los certámenes literarios, si tienes éxito en ellos, permiten divulgar una parte de tu obra. Llevo concursando desde 2008, en cuento y en microcuento, y he conseguido unos cuantos galardones, entre ellos: el Premio Nacional de Microrrelato, el Francesc Candel, el José Rodríguez Dumont, el Valentín Palacios, el Parnaso, el Rosalía de Castro, la Pluma del Guirre…

 

¿Qué género es el que le satisface más crear?

Lo mío es escribir, esa es mi pasión. El microrrelato te obliga a condensar en unas pocas líneas la esencia de una historia. Todo un reto. La novela te permite crear un mundo propio… Si me pusieran en el brete de elegir entre la narrativa o la novela, tendría que echarlo a cara o cruz.

 

 

Ahora le preguntaré sobre el libro que está lanzando en este momento y que como la mayoría de sus escritos es sorprendente.

“La exclusiva del asesino”, una novela de 356 páginas, será publicada por Ed. M.A.R, de Madrid, a mediados de febrero. Creo que es lo mejor que he escrito hasta ahora, espero que peor que lo que escriba mañana. Me adentro en el género policíaco, si bien es una novela psicológica. Aunque me reservo un golpe de efecto final, no se trata de una obra de intriga al uso, ya que el lector conoce la identidad del asesino en las primeras páginas, un periodista que, además, cubre la información del caso: el asesinato de una famosa modelo de Metrópoli. Retrato una sociedad sórdida y turbia, presidida por la apariencia, la fama de hojalata y el chismorreo. No obstante, dentro de la oscuridad, brillan unos cuantos personajes que, en contraposición, destacan por su integridad, como el policía-psicólogo Telmo Corrales, la actriz y hermana de la modelo, Alma Serra, y la madre del falso-culpable, Montserrat Pastor… La novela es una reflexión moral sobre la sociedad actual (la del primer mundo).

 

¿Qué siente cuando termina una obra como ésta?

La satisfacción que se deriva del trabajo realizado, un trabajo del que te sientes orgulloso, y también la incertidumbre lógica que te asalta sobre cómo recibirán los lectores la novela.

 

¿Y cuando corrige las pruebas de galera?

Cuando me percato de alguna errata, siempre me sobreviene la misma reflexión: ¿Me percataré también de algún error cuando el libro esté publicado, o sea, cuando la suerte esté echada?

 

¿Qué opina del apoyo que dan o no las editoriales a los escritores?

Hay editoriales, ahora quedan pocas, que apuestan fundamentalmente por obras de calidad, aunque no apunten a ‘best seller’. Haciendo un símil deportivo, es como el entrenador que busca que sus equipos jueguen bien ante todo, el resultado se dará por añadidura, en contraposición a los técnicos que ante todo persiguen el resultado, sin importar los medios que empleen. Por desgracia este tipo de editores, los que podríamos llamar vocacionales, constituyen una especie en extinción. Lo normal, y no les censuro por ello, es encontrarte con editores que buscan el beneficio material. Es su profesión.

 

¿Qué prefiere ¿el libro digital o el impreso? ¿Por qué?

El impreso. Se puede oler, tocar, escribir en él… Además, cada uno tiene un aspecto diferente.

 

No puedo dejar de preguntarle dónde escribe. ¿Cómo es el sitio en el que se produce la magia? ¿Crea un ambiente especial o se abstrae de inmediato en su obra en cualquier parte?

Me adapto a cualquier lugar, de hecho muchos de mis textos los he escrito viajando en tren. No obstante, tengo un estudio pequeño en casa, en Bilbao, desde el cual, al fondo, veo el Monte Abril y de cerca el Parque Europa de Txurdínaga. De vez en cuando, retiro los ojos del ordenador, y los dirijo a la distancia. De allí suelo volver cargado de palabras.

 

Entre nosotros… ¿ya está pensando otro proyecto?

Sí. A finales de año publicaré el libro de microcuentos “A la sombra de un tilo”, con 520 textos, y tengo ahora entre manos una novela corta en la que narro la experiencia que vive un hombre de mediana edad que atiende a su madre, enferma terminal, en el pabellón de un hospital. Es una novela emotiva y, a pesar de que la muerte está presente, revitalizadora.

 

Defina su mundo en una sola palabra

Ética, o sea, la moral reflexionada. Procuro que mis personajes reflexionen sobre las consecuencias de sus actos, y que obren de acuerdo a estas reflexiones.

 

Siempre cedo el cierre de la entrevista al escritor para que exprese lo que que desee. Veamos qué nos dice.

El ser humano siempre está en disposición de aprender, no importa la edad, y hay que tener la humildad (se puede aprender en cualquier circunstancia y de cualquier persona) y el coraje para perseverar en este empeño. Cuanto más aprendes, más te percatas de lo ignorante que eres, de ahí la humildad y el coraje.

 

Muchas gracias por esta amena e ilustrativa charla de un escritor que gustamos de leer. Le deseo que la presentación de su novela “La exclusiva del asesino” le de tantas satisfacciones y éxitos como sus otros libros.

 

Ana Noreiko