Entrevistamos a Marinella Terzi

La conocida Marinella Terzi Huguet nació en Barcelona en el año 1958. Su infancia transcurrió en Valencia hasta que con la edad de 11 años la familia tuvo que trasladarse a Madrid por motivos laborales. Allí acabó el Bachillerato y estudió COU en el Colegio Alemán. Más tarde se licenció en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense.
A lo largo de su vida ha colaborado en diversos periódicos y revistas como el diario Ya, la revista Telva, el suplemento de El País, etc. También tradujo numerosos libros infantiles y trabajó durante veintiún años como editora en Ediciones SM, donde coordinó, entre otros proyectos, la prestigiosa colección de El Barco del Vapor.
Actualmente la autora compagina su trabajo de editora freelance con la literatura para niños y jóvenes. Además imparte cursos de redacción, edición y creación literaria y realiza encuentros con sus lectores en los colegios.
En 2005 fue galardonada con el Premio Cervantes Chico. Fue columnista de El Tiramilla y escribe artículos sobre temas literarios en su blog: El té de las cinco.
Ha escrito numerosos libros para diversas edades, desde a partir de 3 años como Josete y Bongo van de safari o a partir de 5 años como Rodando, rodando, pasando por todas las edades hasta llegar a sus libros para mayores de 12 años como Espiral, para mayores de 13 como Llámalo X o De Gabriel a Gabriel o para mayores de 14 como Falsa naturaleza muerta.
Entre sus últimos libros se encuentran Chocobones S.L. - El mundo del revés- y muy recientemente Silvia, Cleopatro y los juguetes.

 

Entrevistamos a Marinella Terzi

 

A lo largo de tu vida has ejercido como editora, traductora y escritora, si tuvieras que elegir ¿Con cuál te quedarías? ¿Qué te ha aportado cada uno de estos puestos?

 

En realidad, son trabajos complementarios que me han permitido estar en contacto con los libros, que es lo que siempre me ha interesado. Escribo desde pequeña y desde entonces sabía que mi trabajo se movería en ese ámbito. Llegué a la editorial porque la vida me llevó a ella por una cadena de casualidades. Era una editorial en la que se publicaban libros para niños y jóvenes, y eso provocó en mí las ganas de escribir un libro para niños. ¿Sería capaz? Así nació en 1989 Un problema con patas, mi primer libro largo y mi primer libro para niños. Luego vinieron todos los demás. Llevo años compaginando creación y traducción.  Disfruto mucho en ambos casos, no son trabajos tan distintos. Los dos se basan en la escritura. Solo que la traducción no es creación, pero sí recreación porque tienes que ajustarte a la obra de otro autor. Pero, si te gusta el libro del que partes, es un oficio bellísimo y que a veces tiene un componente detectivesco muy divertido. ¿Por qué elegir un trabajo sobre los demás? No, no me cierro a ninguno de los tres.  

 

Chocobones

 

Tus libros están destinados a varias edades ¿Qué prefieres? ¿Escribir, por ejemplo, para niños de 3 a 5 años de edad o de 12 a 14?

 

Aquí te respondo lo mismo: no me gusta cerrarme la puerta de nada. Si llevo escritos dos o tres libros para pequeños, cambio el chip y escribo una novela para jóvenes, y viceversa. Creo que una de las cosas buenas que tiene este oficio es que “renaces” con cada nuevo libro. Varías la temática y la forma de dirigirte a los lectores. Si un escritor hiciera siempre el mismo tipo de libro caería en el tedio. No, es importante enfrentarse a nuevos retos, superarlos e ir subiendo peldaños de esa larga escalera que es tu propia obra.

 

Elige una novela de cada uno de estos dos tramos de edad ¿Cuál te ha aportado más al escribirlo o crees que ha transmitido más a tus lectores? ¿Qué cuentas en cada uno de ellos?

 

Cuando comienzo a escribir un nuevo libro es porque la idea ha crecido ya tanto en mi cabeza que me obliga a volcarla en el papel. Es una especie de estallido. Necesito hacerlo, no hay otra posibilidad. Todos los libros, incluso los fallidos, aportan cosas a sus autores: nos ayudan a comprendernos mejor a nosotros mismos y también a comprender mejor a los demás. Pero ¿elegir? No… Un trabajo que he hecho en mi etapa de editora en plantilla y que sigo haciendo hoy en día es la lectura y selección de originales. Para ello se necesita leer con distanciamiento, con la cabeza fría, ser objetivo, tener sentido crítico. Pero no me pidas que lea así mis propias obras porque me resulta imposible. Son los lectores los que deben elegir, no yo. Por eso, basándome en la experiencia que me dan los encuentros con lectores en los centros, voy a darte tres títulos que sé que funcionan bien. Para los que empiezan a leer, Rodando, rodando, que demuestra que hay cosas que los pequeños hacen mucho mejor que sus mayores. Para los medianos, dos libros de aventuras urbanas con carga social: ¿De vacaciones en México? Y ¿De vacaciones en Madrid? Y para los mayores, la novela Falsa naturaleza muerta, que me está dando muchas satisfacciones. La última, haber quedado finalista este año del Premio Hache que otorga el Ayuntamiento de Cartagena.

 

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Cuéntanos cómo vives el mundo editorial: el trato con los autores, tu participación como jurado en concursos (si la ha habido).

 

Ser editora de la colección El Barco de Vapor me permitió conocer a muchos autores y en la actualidad a muchos de ellos los considero auténticos amigos. Es uno de los grandes privilegios de ese trabajo: que conoces a mucha gente que te enriquece culturalmente. En cuanto a ser jurado, sí, a lo largo de los años he sido jurado de varios premios. Desde mi punto de vista, se trata de un trabajo de gran responsabilidad, muy interesante y en el que también se sufre mucho. Es maravilloso encontrar una obra que te llena y te da la fuerza suficiente para luchar por ella y defenderla a capa y espada, si es preciso. Pero a veces no encuentras nada que te satisfaga lo bastante y, otras, no estás de acuerdo con el veredicto final. En todo caso, son gajes del oficio. Lo importante, como en todo, es ser honesto con los demás y contigo mismo, y, por supuesto, acatar el voto de la mayoría.

 

¿Hubo un antes y un después en tu carrera a partir de ser galardonada con el Premio Cervantes Chico en 2005?

 

Para mí fue muy importante recibir el Premio Cervantes Chico en 2005. Me dio nuevos ánimos, me reconfortó en un momento duro, de crisis. Fue todo un honor y me hizo darme cuenta de que iba por el buen camino. Pero no me cambió la manera de escribir. Seguí haciéndolo con el mismo compromiso de siempre, un compromiso con mi propia obra y con mis lectores, a los que no quiero defraudar.

Siendo editora y escritora ¿Es más fácil a la hora de publicar? ¿Escribes con la certeza de saber que irá destinado a un público?

 

No lo creo. Pienso que cada autor, sea conocido o no, parte de cero con cada nueva obra que presenta a una editorial. Es como ir a un examen. Se juzga ese libro en concreto, no su obra anterior o su trayectoria. Yo no me he publicado nunca a mí misma, eso sería tan sencillo como autoeditarse. No, un libro cobra valor si obtiene el visto bueno de un equipo de editores serios que, tras leerlo con sentido crítico, apuestan por él.

 

Tu labor como traductora ¿La consideras complicada? Supongo que has de tener cuidado para no alterar el estilo de cada autor.

 

Es complicada, pero muy estimulante. Y cuantos más retos presenta -frases hechas, juegos de palabras, rimas, invenciones de vocablos…- más estimulante resulta. El traductor no debe olvidar nunca que está al servicio del autor. La labor que realiza es útil porque permite que los lectores conozcan una obra que, de otra manera, al no saber el idioma en que está escrita, no podrían leer. Pero jamás, debe enmendarle la plana. Si no cree en ella, basta con retirarse del proyecto.

 

 

El hijo del pintor

 

La edición e ilustración de los libros ¿Es tan importante como la historia? ¿Crees que hay un buen nivel entre los editores e ilustradores en España?

 

El libro que llega a las manos de los lectores se logra gracias a un trabajo de equipo en el que participan el autor, el ilustrador y el editor. Y más, en el caso de los libros para pequeños. Un texto para niños exige ilustraciones atractivas y un diseño de campanillas para que entre por los ojos. Hace años que la ilustración española tiene un altísimo nivel, reconocido en todo el mundo. Son muchos los ilustradores españoles consagrados por su excelente nivel artístico y técnico, y muchos los jóvenes que están empezando con muy buen pie.  

En lo que se refiere al nivel de edición externa, es excelente también. Hay abundantes colecciones en las librerías que así lo demuestran. Se cuidan las cubiertas, los formatos, el papel, el diseño, la elección de la tipografía… Pero, desde mi punto de vista, en cuanto a los contenidos, en los editores echo en falta un componente de valentía que existía en otras épocas. Los tiempos son difíciles, es cierto, y probablemente por ello se arriesga poco. El caso es que se publican libros muy similares, historias ya vistas con la esperanza de que alcancen el éxito que tuvieron los modelos precedentes. El mercado manda. En ese sentido, creo que los editores antes iban por delante, marcaban tendencias y, ahora, se limitan a seguir la estela.

 

Respecto a lo anterior ¿Han quedado siempre las ilustraciones y ediciones como esperabas? ¿Estás contenta con ello?

 

Siempre pienso que lo ideal es que el autor lo sea también de las ilustraciones. De ese modo, uno crea el proyecto completo desde sus inicios. Evidentemente no siempre puede ser. En mi caso, desde luego no lo es porque yo necesito que un ilustrador plasme las ideas que yo tengo en mi cabeza.  A lo largo de los años, estoy satisfecha con mi suerte. Me suele gustar cómo ha quedado el libro. A veces, porque las ilustraciones las han realizado personas que me conocen bien y con las que he tenido un diálogo fluido, y a veces, porque los editores han elegido un ilustrador que ha acertado plenamente. Pero hay excepciones… De todas formas, ver las ilustraciones por primera vez siempre te produce una sensación extraña. El ilustrador es un lector de tu libro y, como todo lector, interpreta a su modo. Las personas nunca vemos lo mismo detrás de las mismas palabras. La sensación es muy parecida a la desazón que te produce ver una película después de haber leído el libro en la que esta se basa. Eso de que “¡Mi protagonista tenía otra cara!”.

 

 

Rodando, rodando

 

Tu literatura infantil se acerca más a los problemas cotidianos de los niños pero ¿Hay algo de los cuentos tradicionales en tus obras?

 

Pues… creo que algo debe de haber, en el sentido de que leí cuentos tradicionales en mi infancia y debieron dejar un poso, al igual que lo dejaron otras lecturas más contemporáneas y también mis propias vivencias. Sin embargo, aunque he hecho alguna incursión en la fantasía para los más pequeños, a la hora de escribir novela me he decantado más por la realidad del mundo actual. Probablemente ese interés por la actualidad y por las relaciones humanas me venga dado por el periodismo, al que me dediqué durante unos años. Quiero que se produzca empatía entre los lectores y los protagonistas y eso sucederá si les hablo de personas como ellos, de carne y hueso, y de lo que ocurre en la calle todos los días. Es como si mis libros fueran un espejo en el que los lectores se pudieran reflejar. Creo que es inútil mantener a los niños encerrados en una burbuja de cristal, se les puede hablar de todo siempre que se haga con delicadeza y de acuerdo a su edad.

 

¿Qué consideras definitorio en la literatura infantil?

 

Precisamente, el sustantivo: la palabra “literatura”. Los libros para niños y jóvenes deben ser “literatura”, buena literatura. Los escritores que escribimos para niños y jóvenes tenemos una gran responsabilidad. Nuestras obras son la llave para adentrarlos en la literatura para siempre. Si nuestros libros los enganchan, los motivan, serán ya lectores el resto de sus días. Para mí, toda buena novela -también para jóvenes- debe contener una buena historia y unos personajes de peso en los que haya VIDA. Y, por supuesto, estar escrita con absoluta pulcritud. Pero quiero dejar claro que no me conformo con que un libro entretenga, le pido mucho más: quiero que, a partir de lo que se le cuente, el niño se plantee preguntas, reflexione. El libro debe poner a su alcance otras vidas en las que reflejarse; brindarle la posibilidad de viajar, de crecer,  de soñar. Si queremos atraerlos como un imán, esas historias deben ser especiales, diferentes, arriesgadas.  

 

¿Prefieres la observación o la imaginación del mundo?

 

Empleo ambas “armas” a la hora de escribir mis libros. La observación es vital. Me gusta pasear y mirar lo que sucede a mi alrededor. O también, adentrarme en mis pensamientos y reflexionar sobre la niña que fui. En los encuentros siempre les aconsejo a los niños que quieren escribir que vayan con los ojos muy abiertos porque el mundo que nos rodea nos ofrece cantidad de información de la que surtirnos para nuestras novelas. Solo hay que tomarte tu tiempo para verlas. Pero una vez en el despacho, frente al ordenador, a través del poder de la imaginación acabamos modelando esa realidad hasta transformarla en ficción, en literatura.

 

Sobre tu último libro, Silvia, Cleopatro y los juguetes, solo sabemos que Silvia en vez de tirar el  bote vacío de fijador de cabello de su madre lo convierte en su nuevo mejor amigo y acompañante incondicional en su día a día, cuéntanos algo más. Para qué edad está destinado y qué puede ofrecerles a los lectores.

 

Es un libro para primeros lectores que se acaba de publicar en Colombia, con unas ilustraciones de Carolina Rubiano muy simpáticas. Como en otros libros míos, hablo de la importancia del juego y la imaginación. El bote de fijador se transforma en Cleopatro, el mejor de los muñecos para Silvia, la protagonista. En realidad, la historia está basada en un hecho real y se remonta a mi propia infancia. El bote de laca de mi madre fue tan importante para mí que todavía lo recuerdo, y recuerdo también una cajita de pastillas azul con un tapón blanco, y muchas agendas de propaganda, garabateadas. Yo tenía muchos juguetes: muñecos que tomaban el biberón, un supermercado, una escuela… Pero aquellos objetos minúsculos, de “poca monta”, protagonizaron muchos de mis juegos.