Gabriela De Vecchi

Gabriela Celeste De Vecchi
Nacida en Córdoba, Argentina, un 25 de enero de 1978. Desde los 6 años estudió piano, sólo por el placer de verle la cara a su mamá tocando esas teclas.  Después del secundario y de recorrer con el pensamiento cada una de las opciones de carrera,
se inscribió en Comunicación Social.
Se desempeña desde hace 14 años en lo referido a la Comunicación en las Organizaciones. En un momento de su vida, en una conversación que salió sin preparación alguna, afirmó: Voy a escribir un libro.
Y así empezó, escribiendo narrativa breve, muy autoreferencial, hasta que unos años más tarde, en el 2006, fue mamá de una hermosa nena llamada Valentina, quien le cambio no solo
el eje de vida sino que despertó en ella el gusto de escribir historias para los más chicos.
Hoy hace de su escritura un proyecto de vida, prepara para este año en lanzamiento de su primer libro de cuentos infantil, tiene un blog recién estrenado y participa asiduamente de concursos literarios.
Mi sitio: www.gabrieladevecchi.com.ar

Una mirada a la peatonal

Uno mira sin mirar, camina para avanzar muchas veces sin saber a donde ir, sólo por mantenerse en movimiento. La capacidad de asombro muere gracias a la cotidianeidad.
Nuestra capacidad de abstracción se ve coartada por la realidad, sin embargo aquella tarde me pare a mirar, a mirar las miradas, a ver más allá de lo que se ve (a simple vista) en aquella peatonal, la peatonal de mi ciudad.
Transitan a paso acompasado, hombres de traje, corbata y celular en mano, con la mirada analítica puesta más allá de la vereda, pareciese en su actitud que la decisión de que el mundo siga girando está en sus manos.
Desfilan mujeres apresuradas hundiendo los tacos en las rejillas de los desagües, mirando siempre al frente para no demorar. Subjetivamente, para no perder el objetivo.
Las palomas acompañan a los desocupados, que sentados en la plaza San Martín picotean del suelo junto a ellas; esperando que el destino los bendiga, les alcance pan y trabajo.
Niños correteando a esas mismas palomas, confiados en que el mundo es como la experiencia del juego...y no están desacertados.
Ancianos que a duras penas suben las escalinatas de la Catedral, dando su única moneda a mujeres con sus niños, sentadas en el ingreso esperando la limosna.
Ancianos que siguen creyendo que la fe mueve montañas y que las actitudes de los hombres, también...
Variedad de hombres, variedad de mujeres, distintas concepciones. Algunos con más  expectativas, otros con más esperanzas; de acuerdo al estereotipo.
Diferentes vidas, distintas experiencias, oportunidades, pero con una misma misión: Vivir