Ronald Cano

Ronald Cano  nació el 10 de enero de 1983 en Medellín. Su adolescencia gravitó en los 90s. Por entonces algunos autores llegaron a sus manos: Bataille, Molière, Pessoa, Baudelaire, Rimbaud, Dylan Thomas, Tom Waits, Kerouac, Silva… Es poeta y sociólogo,  trabaja hace una década en bibliotecas, actualmente se dedica a promover la lectura. En 2001 colabora en algunas revistas de la Facultad de Economía de la Universidad Nacional, por entonces, asiste a algunos talleres literarios. En 2007 recibe el Premio de Cultura Ciudad de Itagüí con poemas inéditos del poemario Un Barco. Publica algunos de sus poemas en el periódico estudiantil de la Universidad Autónoma Latinoamericana. En 2012 participa en la realización del Festival de Cine de Castilla, época por la cual fueron escritos los primeros borradores de El animalista, uno de los dos libros ganadores del II Premio de Poesía Joven Ciudad de Medellín 2013, convocado por el Festival Internacional de Poesía de Medellín y su área Metropolitana. Publica el mismo año en la Revista Internacional de Teatro y Literatura Alhucena (No. 29, España).

 

http://elanimalista.blogspot.com/2013_12_01_archive.html

La habana no es un mojito

Caminar La Habana podría llevar días, sin embargo el recorrido entero se convierte en lugar de destino. Los relojes de sus catedrales dejaron de funcionar hace años y en horas diversas para provocar lapsus en el tiempo y el espacio, propicios para perderse en sí mismo o en otro. Cuando comienzan a estallar las olas contra el malecón, los amantes mulatos y extranjeros se pasean por las ranuras de una ciudad que se cae a pedazos, y se besan a contraluz del fulminante sol de las 5:00 P.M.  A esa hora, La Habana se convierte en un animal nocturno apaciguado por su domador; sobre su pelaje rugen las pulgas con ron y son entregándose a un Affaire interminable en el que se evade cualquier control. En la noche, la urbe bulle solapadamente y las refinerías de Playa del Este intoxican el aire con una llama de pasión por el querosene. 
Las jineteras tosen por el exceso de tabaco, los chulos se pavonean sobre los portones de las casas prohibidas, los músicos callejeros se abrazan a su instrumento de madera para resistir el naufragio, los travestis coquetean con disimulo, la policía merodea, mientras, en las esquinas los amantes se chupan como si tuvieran ventosas. Cada metro del malecón de La Habana es propicio para gritar, para avistar el golfo de México, suicidarse sin éxito,o para hacer el amor. Es una ciudad donde el deseo habla diferentes idiomas, aunque en ella y en toda la isla, nadie necesite hablar más porque el periódico del pueblo es el único dueño de  la última palabra. 

Hasta que el amor nos separe

Igual que en su sueño, el caño del lavabo arrastraba en espiral la saliva adherida a los platos, a la piel. 
En ese instante, un abrazo nacido en medio de sus dos omoplatos, rompió con la nostalgia y cubrió con ímpetu las pecas de sus senos. 
Percibió el filo de un cuchillo y el olor de un esposocumpliendo a cabalidad con sus nupcias. Entonces cayó.

El pequeño dictador

-Mamá… ¿tú me quieres?- preguntó el niño-.
-Claro que sí -respondió su madre-. 
-…Y a los otros niños del barrio ¿también los quieren sus madres?dime cómo. 
-Juegan con ellos, así como yo juego contigo.
-Entonces no soy tu favorito, soy como el resto de los niños del barrio.
-No hijo ¡nuestros juegos son diferentes! 
-Pues sí mamá,  pero  me gustaría que jugaras conmigo así como juegas con papá. 

Astronomía

Dicen los expertos en materia de explicaciones que los sueños son una interpretación de los vocablos encriptados del universo físico, una antimateria literaria del cosmos. Irónicamente, esa teoría no da solución a la pregunta por la ingravidez absoluta de la memoria. 
Los amnésicos por su parte aseguran que la humanidad entera está suspendida en medio de un sueño sin origen, sin final; que hace eones el soñante principal olvidó despertar, pero que un día cualquiera, cuando lo haga, revelará el secreto de la levedad colectiva. 
Aseguran los astrónomos que una noche Galileo, se quedó dormido esperando su bostezo al otro lado del telescopio. 

Cortina de humo

Era la primera vez que la opinión pública hacía silencio, los periodistas no encontraban sosiego tras su repentina muerte; hacía tres días que los noticieros aguardaban expectantes que ocurriera algún suceso extraordinario en su funeral.   
Sin previo aviso, la afligida viuda agudizó su llanto sobre el ataúd  mientras afirmaba entre sollozos que él estaba vivo, que lo había visto moverse. Los familiares, la prensa y el pueblo intentaron en vano acercarse al féretro; la guardia militar se había amurallado sobre la cámara ardiente sin permitir paso a ningún curioso. 
El pueblo se hizo a un lado y cerró la boca como siempre, los dolientes fueron abordados por los paparazzis y los reporteros. El país entero no salía del espasmo cuando el nuevo rumor los comenzó a inquietar.     
Dada las circunstancias adversas a cualquier tipo de comprobación directa sobre los hechos, los medios oficiales de comunicación no tardaron en expandir la noticia sobre las convulsiones “post mortem” del que antes fuera “el mejor” gobernante de los últimos cuarenta años; se publicaron comunicados de prensa en tiempo real, el rating de los noticieros locales se elevó hasta las nubes. 
Los redactores de horóscopos y crucigramas se las ingeniaron para que los astros y el azar favorecieran la resurrección del dictador.